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Guillermo Mariaca conversó con OH! sobre dos aspectos que marcan a una de las áreas centrales para el desarrollo boliviano: el sistema educativo. Su postura se muestra decididamente crítica en dos sentidos complementarios: un diagnóstico marcado por muy bajas notas y una solución que asume décadas de trabajo articulado a un plan que considera cada vez más urgente.

—Usted mencionó que la educación boliviana no es educación, ¿por qué?

—Una educación que contribuya al desarrollo humano debería tener dos condiciones previas: la primera es alta calidad, internacionalmente contrastable. Pero como en Bolivia no hay medición de calidad educativa, tenemos un problema gravísimo. Por lo poco que se sabe, por dos informes que tenemos, sabemos que la calidad educativa del sistema público es pésima.

La segunda característica que debía tener una buena educación es que los profesores, además de tener una formación universitaria proba, con las especialidades correspondientes, tengan la libertad para hacer dos cosas: primero, cumplir, de manera verificable, con las competencias mínimas que deben adquirir los estudiantes en la educación básica. Y simultáneamente deberían tener márgenes de libertad para realizar innovaciones pedagógicas, didácticas e inclusive curriculares en el sistema educativo.

 

Como estas dos condiciones previas no se cumplen, la educación boliviana no es educación, es apenas instrucción. Se limita a repetir protocolos curriculares y didácticos impuestos por el Ministerio de Educación. Sabemos, por tanto, que la formación de nuestros profesores los dirige a ser instructores y no a ser profesores. Mientras sigamos así la educación boliviana seguirá en el desastre en el que habita, y no podrá contribuir al desarrollo humano.

—¿Por qué innovaciones? ¿En qué sentido?

—Si los profesores no tienen la posibilidad de innovar, de aportar, para ajustar un modelo curricular que debiera ser muy general y sólo indicativo a las necesidades regionales, locales, a las tradiciones históricas, incluso de barrios y comunidades, entonces no pueden responder a las demandas distintas de sus estudiantes. El sistema educativo, por consiguiente, no podrá, por ello, alcanzar una formación en competencias y una capacidad de respuesta a problemas, por lo menos, equivalente a la del resto de estudiantes de Latinoamérica.

—¿Cómo se demuestra en los hechos esa condición de desastre?

—Hay algunas pruebas comprobables de ese desastre. Hubo una medición de calidad educativa bajo el modelo PISA (Prueba Internacional de Suficiencia Académica), el modelo internacionalmente más verificable, en el municipio de La Paz. Según ese informe, estamos un tercio por debajo de la calidad de República Dominicana. Y este país es calificado como el último país del mundo en calidad educativa, de los que participan en la medición PISA.

Otra prueba se la halla en las universidades públicas. Allí hay cada vez más dificultades en que los bachilleres ingresen, pese a que son universidades “generosas” en sus mínimos de exigencia. Los porcentajes de bachilleres que no aprueban los exámenes o cursos de admisión son altos. Entonces el perfil de competencias del bachiller no es el adecuado.

Un tercer aspecto puede sonar raro, incluso contradictorio, pero me parece el más importante. La universidad boliviana es enormemente tradicional. Está dividida en disciplinas y tiene muy poca interdisciplinariedad y ninguna transdisciplinariedad. Es una universidad, en el mejor de los casos, de principios del siglo XX, está un siglo atrasada en diseño de educación superior. Aún así, los bachilleres postulantes no tienen las competencias suficientes para ingresar a la universidad y un muy alto porcentaje de graduados es incapaz de producir conocimiento nuevo, de trabajar en equipo, de encarar y resolver problemas, de elaborar una cadena argumental con mínimos de consistencia y coherencia. Más grave aún, como el conocimiento adquirido en la universidad por los graduados no responde a las demandas sociales ni nacionales ni globales y la universidad misma no produce investigación, el país no cuenta con profesionales especializados en cantidad suficiente para responder esas demandas ni puede diseñar estrategias de desarrollo que vayan más allá del extractivismo.

—¿Qué pasaría si la universidad se actualizara?

—Imaginemos que mañana la universidad comenzase a ser plenamente transdisciplinaria, a trabajar proyectos de investigación, a tener una relación íntima con el mercado laboral, con las exigencias de la empresa globalizada y con las demandas de desarrollo humano de una sociedad que requiere ese desarrollo de una manera desesperada. Si sucediese ese milagro, los bachilleres no podrían ingresar a la universidad, probablemente ninguno. Entonces el modelo educativo boliviano no sólo se halla muy mal en la educación básica, sino que también en la universidad está muy atrasado.

Por lo tanto, la mala educación básica obliga al siguiente nivel, a la educación superior, a ajustarse hacia abajo. Hemos llegado a una especie de caída permanente hacia atrás. Es un círculo perverso. Mientras universidades y educaciones básicas, sobre todo, en algunos países asiáticos y del norte de Europa, están corriendo, nosotros estamos cada vez más lejos de esos sistemas educativos. Por lo tanto, somos más incapaces de responder a las demandas sociales, económicas, éticas y de desarrollo cultural.

Ser un país donde la educación básica se limita a la instrucción y la educación superior se limita a la formación disciplinaria sin grandes ámbitos de investigación nos lleva a eso.

—¿Cuánta investigación se hace en la universidad boliviana?

—En Bolivia, la universidad que produce más investigación es la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Cerca del 60 por ciento de la investigación académica se realiza en la UMSA. Luego está la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). En el resto del país apenas se está empezando con la investigación. O sea, en la mayoría de las universidades públicas —porque las privadas no cuentan, son apenas instituciones de educación superior, no universidades con investigación—, la producción de conocimiento nuevo y la producción de conocimiento aplicado a las necesidades del desarrollo prácticamente no existe. Por consiguiente, si las universidades que producen investigación son pocas, si la gran mayoría son instituciones de educación superior similares en su conducta educativa al instruccionismo de la educación básica, la universidad boliviana es cómplice del desastre educativo.

En suma, si pensamos sistémicamente, en estos años, con la última Reforma Educativa, la educación boliviana francamente empezó a retroceder. Y la universidad, como ya no tiene demandas mayores ni de la empresa ni de movilidad social, ni siquiera genera empleados o funcionarios eficientes.

—¿Puede citar algunas excepciones que sirvan de esperanza o consuelo a nivel de iniciativas privadas? ¿Qué me dice de los colegios normalmente recomendados? ¿También retrocedieron?

—Excepciones hay, sin duda. Pero es precisamente el hecho de que cada vez son menores las excepciones lo que marca el retroceso educativo. Algunos ejemplos: San Agustín o el Laredo, en Cochabamba, son aún colegios interesantes. Hay también un par en Santa Cruz.

Voy a comparar además dos colegios privados de La Paz con dos de Santa Cruz. El colegio Franco Boliviano de La Paz es uno de los mejores francos del mundo. Sin embargo, es sólo el franco de La Paz. El de Santa Cruz no es un liceo, no tiene ese nivel. Algo parecido pasa con el colegio Alemán de La Paz, es uno de los mejores alemanes de Latinoamérica. Pero el Alemán de Santa Cruz no tiene la licencia alemana del paceño, ha procedido a un tipo de bachillerato internacional optativo. Estos dos ejemplos prueban que, además, ni siquiera los buenos ejemplos expanden su red a nivel nacional.

Si miramos la distancia de estos dos colegios de La Paz con sus filiales de Santa Cruz comprobamos que es alta; si miramos la distancia de esos dos colegios con los del resto de La Paz, es aún más alta. Esta distancia del Franco y el Alemán de La Paz con algunos colegios privados de buen nivel está creciendo. La brecha hacia otros colegios privados regulares equivalentes a los de buen nivel público está creciendo aún más. La calidad del resto de la educación pública es abismalmente inferior, y esa brecha también está creciendo.

—¿Cuáles son las consecuencias de fondo de esas brechas?

—La educación boliviana está contribuyendo de manera también sistémica a generar una brecha de desigualdad en el desarrollo humano y económico cada vez mayor. Somos un país con una desigualdad económica no muy notable, pero con una desigualdad de oportunidades cada vez más creciente. Es un diagnóstico espantoso.

Está además probado en algunos estudios que la posibilidad de tener mayor ingreso si uno es bachiller respecto a alguien que sólo cursó la primaria ha cambiado. Era una curva ascendente muy alta y crecía más si alguien se graduaba en la universidad. Alguien que terminaba la universidad esperaba recibir 100 de ingreso, un bachiller esperaba recibir 60 de ingreso, y quien había terminado primaria esperaba recibir 30 por ciento más de ingreso frente a quien no tenía ninguna formación educativa. Ésa ya no es la situación hoy. La expectativa de mayor ingreso a mayor formación ya no tiene esa curva marcadamente ascendente. Ningún graduado universitario tiene los recursos suficientes para comprar ese Lamborghini ostentado en Villa Tunari.

Esto también pone en crisis a todo el sistema educativo. El sistema educativo ya no está cumpliendo dos de sus funciones principales que son igualar las oportunidades y ciudadanizar a los bolivianos.

—¿Qué medidas se debería tomar para frenar la caída del sistema educativo boliviano?

—Habría que tomar tres medidas, pero valga aclarar que sus efectos serán lentos. Ello porque estas tres medidas para convertirse en cultura educativa nacional requerirán de un largo proceso que durará por los menos 20 años. La primera medida es tener un adecuado diagnóstico de nuestra calidad educativa. Entonces habría que solicitar tanto a Unesco como a PISA que ingresen al país y hagan las mediciones. Como país, deberíamos hacerlas de manera anual para identificar con precisión quiénes deben dejar de caer, quiénes deben superar el estancamiento y quiénes deben seguir mejorando sus eventuales avances. Necesitamos un diagnóstico preciso de los tres niveles de calidad educativa del país para frenar este proceso de desigualación, de incremento de la brecha cultural, social y económica.

La segunda medida es un cambio en la formación docente. No podemos seguir formando instructores, precisamos educadores. Para esto no basta cambiar el sistema de formación docente, sino lo que lo contiene, es decir, el currículum cerrado. El currículum boliviano es un campo de concentración, trae hasta listas de lecturas o ejercicios. Los profesores no tienen libertad de innovación y se convierten en cómodos instructores de ejercicios mecánicos. El sistema de formación normalista es propio del siglo XIX, casi ya no existe en el mundo. En casi todas partes se forman los profesores en las universidades. En varios países, los de mejor nivel educativo, ser profesor es algo enormemente exigente. Es una carrera a la que no sólo pocos pueden ingresar, sino que incluso no todos los graduados llegan a ingresar al servicio. No basta la formación, precisan además demostrar una alta capacidad de innovación y de intervención en el sistema educativo. Cambiar la formación docente arrastra el resto del modelo educativo: currículum, contenidos, la capacidad que debe tener el profesor para innovar y los sistemas de incorporación de los profesores a la escuela.

—¿Y toca a la universidad?

—La tercera medida urgente es modificar la autonomía universitaria. Esto ya no se lo puede hacer parcialmente. Hoy se la entiende como la vida en una isla, en republiquetas, donde se decide todo lo que hacen en su interior. Ni siquiera ajustan su oferta académica a las necesidades de desarrollo humano, político y económico del país, siguen con las mismas disciplinas de hace muchas décadas. Los programas de doctorado, encima con un carácter privado, pueden ser contados con los dedos de una mano. Abrir una carrera nueva dura años. Por ejemplo, lograr que se abra la carrera de Cine tardó 10 años de trámites en la UMSA.

Nuestra universidad no sólo repite sus viejas costumbres, sino que esa su repetición bloquea su conexión con las demandas sociales. También bloquea la conexión de la universidad con las nuevas carreras, con las nuevas formas de producción de conocimiento, con las demandas transdisciplinarias de la globalización. Por lo tanto, mientras siga siendo viejamente autónoma y bloquee esas conexiones claves, seguirá retrocediendo.

—¿Cuál sería la base de ese cambio en la autonomía?

—Ya no debe estar regida sólo por docentes y estudiantes, sino que los consejos universitarios deben incorporar tanto a la empresa como al Estado. Así las universidades podrán ajustar su oferta y adecuar la demanda que viene del Estado, de la empresa y, al mismo tiempo, renovar drástica y cualitativamente las lógicas interiores de renovación del conocimiento y de producción de conocimiento nuevo.

Si se cumpliesen estas tres medidas de emergencia, podríamos comenzar a revertir el retroceso educativo boliviano. En cuestión de una gestión de gobierno, cinco años, se instalaría una transición que reoriente todo el sistema hacia esos desafíos: calidad educativa, buenos profesores y una universidad en diálogo con las necesidades nacionales y globales. Y en los siguientes 15 años convertirnos en una sociedad educativa, en una sociedad en la que la educación sea el eje articulador del desarrollo, de la expansión de derechos y del ejercicio de libertades.

Fecha de Publicación: 18 feb 2019

Eric Hosler al violín, Fernando Arduz a la guitarra y Leonardo Campos en el contrabajo, brindaran música universal y una composición original a los espectadores que se den cita hoy a las 19.30 en el anfiteatro de la Casa de la Cultura.

Abrirán la noche con la Sonata Nº 12 para violín y guitarra del compositor italiano Niccolo Paganini (1782-1840+) y tocarán tres piezas más del mismo autor para continuar con la introducción.

Los artistas brindarán a los asistentes una obra original de Fernando Arduz Ruiz, composición que nació para los poemas de su hermano y poeta Marcelo Arduz.

Cerrarán la noche con la canción Tiempo Feliz de Toto Vaca y Voz de Júbilo de Joani Murphy.

Eric Hosler es un reconocido violinista de categoría internacional, participó en bandas sonoras de diferentes películas de Hollywood como Avatar (2009), Spider Man (2002), y X-Men (2000) entre otros. Originario de Estados Unidos radica en Tarija desde marzo del 2018.

Fernando Arduz, compositor, guitarrista y maestro de la música como del arte, es oriundo de Tarija, entre su producción destacan diferentes investigaciones folklóricas y partituras propias, siendo conocido a nivel internacional como guitarrista.

Leonardo Campos es docente en el instituto de música Mario Estensoro de Tarija, es contrabajista profesional y ha dirigido la orquesta sinfónica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de la ciudad de La Paz.

Fecha de Publicación: 14 feb 2019

El artista paceño Gastón Ugalde inaugurará este jueves su colección Monolito. El artista busca mostrar  a los visitantes el espíritu mismo de las piedras y pretende hacer que “hablen” sobre sus necesidades,  al igual que el Illimani y el río Choqueyapu, indicó.

“Quiero que las piedras hablen de la necesitad de poder estar más presentes en nuestra manera de vivir, las ignoramos”, manifestó el artista.

Esta exposición nació de la preocupación de Ugalde por el Illimani y el Choqueyapu. Resaltó que ambos son parte importante y esencial de La Paz. Para el artista, las personas miran el Illimani como si fuera un adorno más y está siendo invadida por el turismo y explotación minera. Es por eso que en la muestra presentará piezas que fueron parte del nevado.

“Entonces, el hacer una exposición del Illimani es para sentirlo desde sus entrañas mismas. Fui, lo escalé y me he traído pedazos de los glaciares y piedras que he tratado de exponerlos en una forma diferente”, explicó.

Además, aseguró que la piedra fue maltratada por “centurias” y muchas de las casas construidas en La Paz fueron hechas y adornadas con partes importantes de la cultura tiwanacota y que otra parte también se encuentra en el exterior. “Tenemos que ser más conscientes de la piedra”, dijo.

“El  Choqueyapu siempre está con nosotros, permanentemente, es un río que tampoco le prestamos mucha atención que es vital en La Paz, como todos los ríos. Es un energía constante”, explicó el artista.

Ugalde volverá a exponer en la ciudad de La Paz después de 12 años. Presentó más de 100 exposiciones individuales en Asia, Europa y en América.

    “Estábamos haciendo una exposición por mes;  sin embargo, ha sido un poco agotador este trajín”, comentó.

El nombre de la exhibición viene del interés y la perturbación que le hace sentir el monolito, sobre todo los que se encuentran en Tiwanaku. “Son lo primero que te sorprenden”, afirmó.

La exposición se inaugurará en el salón Puro, de la calle Fernando Peñaranda 1304, en la zona de San Miguel, a partir de las 19:00.

Ugalde recibió el Premio Konex en 2002, al ser considerado el artista boliviano viviente más importante del país. Según la Fundación Konex Argentina, Ugalde es el “Warhol andino”.

Realizó estudios de arquitectura en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), también cursó ciencias políticas en la Universidad Simon Fraser y completó estudios en grabado y fotografía en la Escuela de Arte de Vancouver, en Canadá.

Fecha de Publicación: 12 feb 2019

Las autoridades de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) inauguraron ayer el repositorio René Zavaleta, en el edificio con el mismo nombre de la Facultad de Ciencias Sociales. El repositorio es parte del proyecto de Mariano Baptista.

El museo se ubica en la biblioteca de la facultad, donde se resguardan objetos personales de Zavaleta como su máquina de escribir y su pipa, además de fotografías y textos de opinión de varios autores que escribieron sobre el filósofo, entre otros.

Varios cuadros del intelectual se colgaron en las paredes del espacio, ubicado detrás del Monoblock Central de la UMSA.

Zavaleta nació en Oruro, alrededor de las minas y los mineros, su espacio más familiar, económico y social, que marcó la historia trascendental de su vida y que a la postre marcó su obra.

El intelectual orureño fue ministro de Minas y Petróleo durante el gobierno revolucionario del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Además, cumplió funciones diplomáticas para ese Gobierno en Chile y Uruguay. En lo académico fue estudiante de la UMSA y de la Universidad de Oxford. Falleció en la Ciudad de México, en 1984, a los 47 años.

El Zavaleta intelectual contribuyó al debate nacional y latinoamericano en las ciencias sociales, tanto teórica como metodológicamente, al realizar aportes conceptuales como formación social, democracia y otros, publicó la agencia ANF. .

Fecha de Publicación: 09 feb 2019

El día de ayer fue presentado el libro de la Dra. Carmen Ibáñez titulado  "Consecuencias Políticas de la Migración Interna en Bolivia" en el salón de honor de la Universidad Mayor de San Andrés. El Rector de la UMSA Dr. Waldo Albarracín  hizo llegar las felicitaciones animándola a que  continúe con las tareas investigativas en Europa siempre con la mirada en Bolivia,

La Dra. Carmen Ibáñez es una connotada intelectual, una luchadora social, una mujer que está dispuesta a dar gran parte de lo suyo para allanar legítimas expectativas del pueblo boliviano, extinguir las asimetrías sociales, de construir un país de iguales, de mejorar la calidad de vida de nuestra gente y de orientar esa vocación investigativa bajo un parámetro esencialmente altruista,

El Rector de la Universidad dijo “creo que ella no ha podido esconder esa sensibilidad humana que la caracteriza y que nos compromete doblemente y por ello la sentimos nuestra, una compatriota en todo el sentido de la palabra, las puertas del país y de esta Universidad estarán siempre abiertas para ella”.

 

 

 

Fecha de Publicación: 08 feb 2019

Para analizar la salud de una cinematografía nacional, no solamente es importante hacer una revisión cuantitativa y cualitativa de las películas, sino también indagar sobre lo que se podría llamar la institución-cine, escribe Sebastian Morales.

Cine en la UMSA: democratizando las miradas

 

En un balance del cine nacional en el 2018, han habido dos hitos importantes: la promulgación de la ley del cine y la apertura del programa de licenciatura en Cine y producción audiovisual de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Para analizar la salud de una cinematografía nacional, no solamente es importante hacer una revisión cuantitativa y cualitativa de las películas, sino también indagar sobre lo que se podría llamar la institución-cine. Es decir, todo lo que permite que las películas salgan a la luz, encuentren a su público y que hagan parte de un imaginario colectivo. Así, es necesario también tomar en cuenta los espacios de formación, los marcos legales, la distribución y la exhibición, el estado de la crítica y de los estudios cinematográficos y por supuesto, los mecanismos de financiación de los filmes.

 

De ahí que estos dos hitos mencionados arriba son tan importantes, puesto que permiten entrever un fortalecimiento de la institución-cine, la cual, sea dicho de paso, en un país como Bolivia, apenas existe. Con un marco legal, es más fácil hacer películas. Con espacios de formación es posible pensar que en un futuro no muy lejano, se hagan mejores películas en Bolivia.

 

Aunque hay una polémica sobre los alcances y los mecanismos que se han usado para promulgar la ley, es claro que una normativa legal permite consolidar ciertas prácticas culturales que se han venido dando en Bolivia, a pesar del Estado. Pero esto no es suficiente si no se tiene una serie de profesionales que puedan proponer nuevas miradas para el cine boliviano.

 

Así, la iniciativa emprendida por la Facultad de Humanidades y la Carrera de Comunicación Social de la UMSA, con una primera generación de 120 estudiantes, busca generar una base de profesionales en cine capaces de proponer estas nuevas miradas. El programa de Cine y Producción audiovisual de la UMSA no es el primero en ofrecer una formación de este tipo, pero sus características hacen que esta iniciativa tenga la potencialidad de convertirse en un evento que marque un antes y un después en el cine nacional. Esto por varias razones.

 

Se trata de un hito, en primera instancia, porque una institución pública toma la responsabilidad de potenciar una parte del ámbito cultural boliviano.  A pesar de los discursos grandilocuentes provenientes del gobierno acerca de una supuesta revolución cultural, es cierto que el Estado apoya muy poco a la cultura en general y al cine en particular. Sin embargo, por primera vez y de manera constante, recursos del Estado, gracias a la autonomía universitaria, están sirviendo para apoyar nuestra debilitada institución-cine. Sin intensiones de hacerlo, el Estado, a través de la Universidad Pública, da la posibilidad de que estudiantes puedan formarse en el cine y así potenciarlo.

 

La Universidad pública, se convierte, de esta manera, en una entidad que democratiza el acceso a una formación que tradicionalmente era considerada como cara. Es sabido que los que tienen la inclinación por el cine, deben emigrar al extranjero o acceder a espacios de formación privados para emprender sus estudios, opciones que sin duda alguna son privativas. Las dificultades de acceder a una escuela de cine, hacen que se establezca un monopolio de nuestros imaginarios audiovisuales, el cual estaría en manos de una elite económica. Al proponer una formación gratuita, es posible dotar a otros sectores de las herramientas cognoscitivas y técnicas para generar nuevos discursos e imaginarios a partir del cine.  Así, el programa va apoyando un proceso que se ha iniciado en lo que se podría denominar como “la etapa digital” de nuestro cine: la pluralidad y democratización de las voces. Si el digital da las posibilidades tecnológicas para esto, la formación de la UMSA busca proporcionar las herramientas conceptuales.

 

En tercer lugar, el programa se instala en el seno de un espacio de formación que se ha caracterizado en su historia por ser un espacio privilegiado del desarrollo del pensamiento humanístico y social en Bolivia. Es decir, la apertura de un programa de cine en la UMSA no se ha planteado para enseñar a los estudiantes meramente los aspectos técnicos, sino más bien, para ser un espacio para generar también pensamiento y teoría. Pensar el cine es la premisa primordial de la carrera. Si una película o una serie de películas pueden ser parte del imaginario social y de la memoria de nuestros pueblos es por son pensadas, dialogadas y teorizadas. Pero también porque en las mismas películas hay un pensamiento a partir de las imágenes en movimiento. Es este pensamiento que el programa busca consolidar en sus estudiantes, gracias a la larga tradición intelectual de la UMSA.

 

En cuarto lugar, el programa no tiene las intenciones de ser pionera, en un espacio cinematográfico que privilegia lo primero, antes que los procesos. Así, la iniciativa, aunque sigue en su etapa experimental, busca consolidarse en el tiempo. Es por eso que las autoridades de la Facultad de Humanidades y de la Carrera de comunicación social, han anunciado la apertura de una convocatoria para nuevos estudiantes, pensando en la sustentabilidad de la propuesta.

 

Por supuesto, el impacto de esta formación en la cinematografía nacional se va a ver en un plazo más o menos largo. Pero ya las bases están asentadas para construir un proceso que tiene todas las posibilidades para generar un nuevo cine y una nueva idea de cine boliviano.

Fecha de Publicación: 07 feb 2019

El pleno de la Cámara de Senadores, mediante una Declaración Camaral, reconoce al Instituto Técnico “Abraham Lincoln” de la ciudad de La Paz, al celebrar sus 62 años de ininterrumpida y fecunda labor educativa.

El Instituto “Abraham Lincoln”, fue fundado el 10 de febrero de 1957, por un grupo de docentes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con la finalidad de capacitar a jóvenes con formación técnica, valores humanos y capacidades profesionales al servicio de la sociedad.

Actualmente cuenta con 400 alumnos, 35 docentes y administrativos, siendo el personal idóneo que lleva adelante la formación integral a sus estudiantes.

Con su slogan “El profesional no crea problemas, los soluciona”, el Instituto se ha convertido en uno de los centros educativos más prestigiosos de la ciudad.

Fecha de Publicación: 07 feb 2019

Autoridades y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) inaugurarán el 8 de febrero el museo René Zavaleta en homenaje al intelectual boliviano que trascendió con su pensamiento científico y social las fronteras.

Según información de la Casa Superior de Estudios, la inauguración será este viernes a las 10.00 horas en instalaciones de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales, planta baja. El ingreso para el público será libre.

Una impresionante cantidad de cuadros del intelectual se cuelgan de las paredes de aquel espacio, a ello se suman otras piezas como su máquina de escribir, su pasamontañas y su pipa.

El director de la Carrera de Sociología de la UMSA, Fidel Rojas Álvarez, dijo que, actualmente, la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales muestra el legado de Zavaleta Mercado. “Las imágenes, los legados museológicos y otros elementos, que harán que no solo recordemos a él como se lo merece, sino fundamentalmente identificar que en el siglo XX hubo un intelectual boliviano que ha trascendido con su pensamiento científico social las fronteras bolivianas”.

Resaltó que el aporte de René Zavaleta tiene una absoluta importancia para el campo académico e intelectual, empero fundamentalmente un ejemplo para la generación de jóvenes que al momento están estudiando en la universidad y particularmente en la Facultad de Ciencias Sociales.

Ahora, la UMSA se honra en rendir un merecido homenaje al conspicuo intelectual boliviano René Zavaleta Mercado, que según sus obras, es el más importante del siglo XX.

¿QUIÉN FUE?

Según información de la UMSA, René Zavaleta Mercado fue un erudito que en el siglo pasado aportó enormemente al desarrollo de las ciencias sociales, en general de América Latina y en particular de nuestro país.

La cuna vivencial de Zavaleta fue la tierra de las minas (Oruro) y los mineros, contexto geográfico-económico y social, que marcó la historia trascendental de la vida social, económica y política del país, siendo también el campo de acción y matriz del pensamiento para el universitario, periodista, profesor universitario internacional, diputado, ministro, político, pero fundamentalmente del científico social Zavaleta. Si bien su vida intelectual y política le llevó a ocupar espacios profesionales de primordial importancia, tanto en el país como en el exterior, su rebeldía intelectual ante el statu quo social le llevo a sufrir el embate de la dictadura militar, exiliándosele fuera del país.

Luis H. Antezana, Luis Tapia y otros en algunos artículos pertinentes señalan que la vida intelectual y obras de Zavaleta fueron marcadas por períodos. El primero, evidenciado por su obra “Bolivia: El desarrollo de la conciencia nacional” (1967), que reflejaría una matriz preponderadamente “nacionalista”, influido primordialmente por los pensamientos de Augusto Céspedes y Carlos Montenegro, y los hechos relativos a la “revolución nacional”. El segundo, alimentado por la perspectiva marxista, reflejando también las contradicciones políticas y sociales del momento; y un tercer periodo, más crítico y se dice, incorporando en su pensamiento los trabajos de Antonio Gramsci, reflejándose en “Las masas en noviembre” (1983) y “Lo nacional-popular en Bolivia” (1986).

Zavaleta intelectual ha contribuido fuertemente al debate nacional y latinoamericano en las ciencias sociales, tanto teórica como metodológicamente, realizando aportes conceptuales como: formación social abigarrada, democracia como autodeterminación de las masas y otros.

Se decía que su obra y acción trascendió más allá de las fronteras del país, y en su homenaje, la actual biblioteca de la Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales (Flacso) de México, lleva su nombre, según se refirió el director de la Carrera de Sociología.

Fecha de Publicación: 06 feb 2019

Entre las muchas iniciativas destinadas a promover la inclusión que ejecuta la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, está la de admitir sin examen de ingreso a las y los mejores bachilleres de los colegios de las provincias paceñas. Sin embargo, este beneficio no llega a fructificar y apenas el 7% de estos postulantes al diploma profesional logra graduarse en la universidad.

Según las estadísticas del Instituto de Desconcentración Regional Universitaria Capacitación y Desconcentración Intercultural, dependiente de la universidad pública paceña, entre 2006 y 2018 fue admitido un total de 2.005 bachilleres, hombres y mujeres, con los mejores promedios en 85 municipios rurales del departamento de La Paz; de ese total, 1.849 se matricularon, pero apenas 134 lograron graduarse.

Fue en 2005 cuando el Honorable Consejo Universitario de la UMSA aprobó la resolución que establece el ingreso directo a cualquiera de las 54 carreras de esa casa de estudios superiores para los tres mejores bachilleres de cada uno de los 85 municipios rurales del departamento; además, cada bachiller se benefició de una beca comedor y seguro médico, más la exención del pago de matrícula y otros aportes académicos.

El Director del mencionado instituto universitario explica esta situación detallando que “la diferencia entre un bachiller del área rural y del área urbana es grande, y es lógico debido a que en las ciudades hay más condiciones de educación y en las rurales hay muchas carencias”, razón por la cual las y los bachilleres becados tienen problemas de redacción y ortografía, pero también deficiencias en su formación en matemáticas, física y química.

Ese no es el único problema que afrontan las y los bachilleres que llegan desde el área rural. El ya citado responsable de este programa añade que las deserciones se producen desde el primer año de estudios superiores, pues muchas y muchos, al no tener familia en la ciudad, encuentran problemas para pagar los gastos de alojamiento y otros que demanda la vida en la ciudad sede de gobierno.

Respecto de la calidad académica del bachillerato en el área rural, coinciden autoridades universitarias, del Ministerio de Educación y de la dirigencia del magisterio rural en que se trata de un problema estructural, pues todavía hay casos de colegios donde no se cuenta con maestros de las materias de secundaria. La instalación de telecentros para superar esas deficiencias a través de clases virtuales no ha dado los frutos esperados.

Hay, pues, mucho que mejorar para que esta iniciativa de la universidad pública fructifique, porque seguir como hasta ahora solo sirve como evidencia de que el Estado no ha logrado garantizar el acceso de toda su población joven a los estudios superiores, condenando a los habitantes del área rural a estar muy por detrás de las y los jóvenes del área urbana.

Fecha de Publicación: 05 feb 2019

El autor contrapone la omnipotencia de mando del Estado (hipercracia) con el vacío de poder (anarquía) para orientar a la sociedad hacia la “política auténtica”, es decir, a la mesocracia.

 

La esencia de la política es el poder, que no es otra cosa que una relación de mando y obediencia y, el lenguaje del poder es su necesidad de expandirse sin trabas y a pesar del control. La  política no es más que buscar localizar al poder allí donde deba estar y no permitir que vaya más allá. Cuando no se   delimita, el poder trastoca en catástrofe para las sociedades, se convierte en vicio; el gobernante que lo posee y lo ejerce tiende a imponer la regla del amo.

Pero el poder se  pierde porque es una magnitud propia que está por encima de cualquier poderoso.

La reflexión de Bertrand de Jouvenel sobre los futuribles del poder le hacen prever la tendencia contemporánea a concentrarlo en una persona y a consolidar formas de mando personalizadas. El poder es energía infinita, centralizador, egoísta, revolucionario por naturaleza, y tiene en el Estado la membrana que lo envuelve y le favorece su expansión en tanto le garantice recursos financieros.

Las atribuciones del poder se dan en los regímenes políticos con o sin medida y la voluntad humana de poder es total en hombres infames, con medida en hombres virtuosos y diluido en hombres ilusos.

Como dice Julien Freund, el poder arbitrario, de sobrepolitización y de omnipotencia de mando del Estado sobre la sociedad se llama hipercracia y su extremo contrario es  de debilitamiento de la autoridad y desaparición de la política; el vacío de poder se denomina anarquía; siendo ambas formas de despolitización, la una por exceso y la otra por defecto.

Una política auténtica es una política de la mesocracia que no es otra cosa que un régimen con sentido de realidad de la medida de reparto del poder y de su límite, porque nadie puede gozar de duración ilimitada ni de inmunidad permanente.

Son estas tres medidas del poder (el exceso de poder, el vacío de poder y el poder con medida) que hay que tener en cuenta en las transiciones políticas de la reciente América Latina. Habiendo experimentado la región formas de gobernar despóticas y con más o menos violencia, existe la obligación de reflexionar sobre la medida adecuada del poder y sobre la necesidad de  hacer valer las reglas de transmisión de ese poder en una nueva transición de la democracia.

Conjugar la experiencia específica de los regímenes políticos en la región con la teoría de las formas de gobierno nos hace ver que los ciudadanos de hoy no quieren ni pueden vivir con exceso de autoridad y de política (hipercracia), pero tampoco se puede vivir sin autoridad y sin política (anarquía); de ahí que surge la necesidad de preguntarnos ¿Cuál es la medida de poder de un buen gobierno?, ¿Qué régimen es inmune a la degeneración de los regímenes políticos históricamente constituidos?, ¿por qué la democracia se ha corrompido como forma de gobierno?

En Latinoamérica, los defensores del poder sin medida, sin derecho y con tiempo ilimitado no han hecho otra cosa que demostrar que el disfrute opaco del poder es entre amigos, favorece los abusos, la corrupción, la impunidad y la ineptitud.

 La realidad política dicta que los gobiernos despóticos se ven y se entienden a sí mismos oficial y públicamente como democráticos e incluso como herederos de una metamoral revolucionaria que ha logrado “sustituir” el corrompido neoliberalismo y el colonialismo depredador por un nuevo orden de felicidad matemáticamente infalible.

Si bien los partisanos de las tiranías admiten sin discusión las autodenominadas revoluciones socialistas del siglo XXI, hay algunos cabos sueltos que no encajan en la categoría de democracia, como la cínica delitocracia, la destrucción del equilibrio de poderes, la pulverización de las libertades ciudadanas, el servilismo de las dirigencias sindicales rebajadas a la adulación y la reducción de su voluntad combativa a una máquina de ejecutar órdenes y decisiones arbitrarias del Estado.

  Los regímenes del socialismo del siglo XXI, como hay demasiado poder, han degenerado en la dictadura grupuscular y el aislamiento; su debilidad y caducidad ya no les permite ser aptos para arreglar los problemas de sus sociedades y su sustitución es necesaria.

La concentración de poder en una sola mano en Cuba, Venezuela y Nicaragua (en Bolivia en un grado menor) ha terminado rechazando la alternancia en el poder, negando la oposición y haciendo del derecho a elecciones libres un engaño.

¿Cuál es el camino que está caminando Evo Morales?: el empoderamiento de una nueva clase dominante en el Estado Plurinacional y la decisión de sus operadores de ir más allá de lo permitido por medios ilegales y violentos, está conduciendo a los bolivianos a una trágica despolitización y a un despotismo larvado.

Tras el hundimiento de la corriente autodenominada progresista, las personas tendrían que estar locas para desear vivir bajo regímenes con poderes corrompidos que solo   trajeron desgracia e infelicidad.

 La desilusión con el socialismo hoy es tan grande como lo fue con la del comunismo soviético que experimentaron los hermanos Strugatsky al escribir su novela Qué difícil es ser Dios y sus advertencias sobre el altruismo marxista de querer hacer el bien buscando transformar la evolución de los sistemas sociales en una perspectiva humanista, degeneran inevitablemente en sistemas violentos y fascistas.

En un nuevo modo de organizar la sociedad no puede haber demasiado poder ni demasiado poco, se trata de reconstruir el Estado para gobernar con medida pero plenamente.

El poder es un elemento indispensable de la vida humana y, por tanto, resulta inútil querer suprimirlo, de lo que se trata es de situarlo donde corresponde, es decir, circunscribirlo en sus límites políticos y estatales, porque el poder es una dialéctica entre su afirmación en el Estado y el gobierno y su debilitamiento en la sociedad civil y las libertades individuales.

Una transición hacia un nuevo modo de ejercer el poder, de gobernar, de informar y de ordenar la sociedad reconoce la mesura, la concordia, la diversidad, la libre expresión y los derechos ciudadanos y de la comunidad.

Fecha de Publicación: 04 feb 2019
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